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Arquitectura: años setenta y ochenta

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El prestigio del que goza la arquitectura de Madrid se fraguó en aquellas dos décadas. Los maestros consagrados pusieron en pie sus obras de culminación y empezaron a recibir un bien merecido reconocimiento internacional. Las figuras de las generaciones siguientes construyeron en aquel tiempo sus obras más maduras con las que se adentraban en el debate internacional. Algunos de los que en aquellos años empezábamos ya han emergido y son la tercera generación, los maestros indiscutibles, Fisac, Sota y Oiza. Y luego Cano Lasso, Carvajal, Fernández Alba, Corrales y Molezún y ya Moneo.

Tres significativas publicaciones de aquel período marcaron el territorio de aquella arquitectura de Madrid. A+U, editada en Tokio en inglés y japonés, publicó en 1978 un largo artículo profusamente ilustrado, con el expresivo título de <<7 masters of Madrid and 7+7 young architects>>, donde analicé y propuse las obras y los arquitectos más destacados por entonces en Madrid. Arquitectura Bis, de Barcelona, dedicó en el mismo año (con el sencillo título <<Madrid`78>>) todo un numero a la arquitectura producida en Madrid en los setenta. En un artículo de Moneo (titulado <<28 arquitectos no numerarios>>) se daba noticia puntual de una generación de jóvenes destacados, y ya ligados a la docencia. Por último, una revista inglesa por entonces en alza, International Architect, también dedicó un múmero a Madrid.

Es significativo que casi todos los arquitectos jóvenes que aparecían en esas tres importantes publicaciones de los setenta y ochenta, son hoy catedráticos de la Escuela de Arquitectura de Madrid: Navarro Baldeweg (1977), Campo Baeza (1986), Casas (1987), Linazasoro (1988), Capitel (1991), Ruiz Cabrero (1995), Frechilla (1996) y Vicens (1996). No es tampoco casual que aquel número de International Architect tuviera una introducción de Hernández León, hoy catedrático y director de la Escuela de Arquitectura de Madrid.

Pero si las revistas fueron testigos puntuales de la arquitectura de Madrid de los setenta y de los ochenta, también aparecieron enseguida algunos libros que hicieron más sólida aquella aventura. En 1983, escrito por Helge Bofinger, se editó en Berlín Junge Architekten in Europa, donde, en un muy preciso panorama de los jóvenes arquitectos europeos de entonces, aparecían casi todos los ya citados (Navarro Baldeweg, Campo Baeza, Linazaroso y Ruiz Cabrero). Y en 1984, con una estructura similar, edité y escribí en inglés con Charles Poisay el ya mítico Young Spanish Architecture, con prólogo de Kenneth Frampton. Ahí no sólo se daba noticia de aquellos entonces jóvenes, sino que aparecían algunos de los novísimos, de los cuales muchos son hoy profesores de la Escuela de Arquitectura. Y con muchas más razones, el muy difundido Modern Architecture. A Critical History, de Kenneth Frampton, editado por Thames and Hudson de Londres en 1985 y con numerosas ediciones posteriores en casi todas las lenguas. Ahí se incluían con amplitud en los textos y en las imágenes la labor de los arquitectos de Madrid de ese período. Y a modo de resumen, a finales de los ochenta, con su consolidada editorial El Croquis, Fernando Márquez y Levene publicaron dos completos volúmenes bajo el título Arquitectura española contemporánea 1975-1990. Colabora con ellos Antonio Ruiz Barbarín, y hay textos interesantes de Tuñón y de Zaera. Aquellos hoy catedráticos de Madrid, que aparecían en esas revistas, también por supuesto lo hacen puntualmente en todos estos libros.

Si tuviéramos que materializar en obras construidas lo que han sido los setenta y ochenta en la arquitectura de Madrid, podríamos hacerlo con tres edificios. El siempre impresionante Banco de Bilbao, hoy BBVA (1972-1977), de Oiza, en el paseo de la Castellana. Aquel que fuera portada en el número de Arquitecturas Bis, <<Madrid`78>>, fue la admiración de Frampton en una vistia a Madrid por entonces. Fui testigo de sus <<amazing, amazing>>, mientras daba vueltas admirado alrededor del edificio. El Bankinter (1972-1977) de Moneo, también en la Castellana, como paradigma de un espléndido diálogo con una arquitectura histórica. También ampliamente publicado en aquel 'Arquitecturas Bis', aún recuerdo los públicos elogios de Cano Lasso al edificio de Moneo. Por último, el Centro de Servicios Sociales de Puerta de Toledo (1986-1988) de Juan Navarro Baldeweg, al que luego añadió su biblioteca. Fue la primera pieza importante construida por el arquitecto en Madrid, en ese tan acertado proyecto para la cornisa de la ciudad.

En el centro de aquiellas dos décadas, tuvieron lugar en Madrid una serie de visitas y conferencias que vistas hoy todavía resultan sorprendentes. En muy poco tiempo pasaron por aquí la mayor parte de los arquitectos que hoy son figuras populares a nivel mundial. Desde un Richard Meier en pleno apogeo, que llenó a rebosar en marzo de 1979 todas sus actuaciones, hasta Mario Botta, que hizo lo mismo. Un Peter Eisenman veinte años más joven que también arrasó, o un Tadao Ando, que en 1982, en Madrid, dio su primera conferencia y su primera exposición en Europa. O el mismísimo Álvaro Siza que en aquel 1981 daba su primera conferencia en España. Y Mario Gandelsonas, y Vittorio de Feo, y Jorge Silvetti, hoy decano de Havard, Raimund Abraham o Emilio Ambasz. Incluso Eduardo Chillida y Antonio López participaron en aquellas actividades. Todo aquello fue una especie de terremoto cuyo epicentro fue la Escuela de Arquitectura de Madrid, desde la cátedra de Carvajal.

La última Bienal de Arquitectura de Venecia del año 2000 no sólo fue importante porque se nos concediera el primer premio al rojo pabellón de España sino porque, sobre todo, se recogía allí gran parte de la cosecha arquitectónica del Madrid de los setenta y de los ochenta. Y si en el centro del pabellón aparecía como homenaje a Oiza su museo para Oteiza, habría que analizar cómo más de la mitad de los arquitectos que allí exponían, de Madrid, eran de la generación de los novísimos que ya habían asomado la cabeza en los ochenta: Ábalos y Herreros, Aparicio, Sancho y Madridejos, Aranguren y Gallegos, Matos y M. Castillo, Nieto y Sobejano, Cánovas y Amann y Maruri, Mansilla y Tuñón, y Zaera. Otra vez textos introductorios de Hernández León, de Ruiz Cabrero y míos. Y ya en esta bienal aparecen los hoy jovencísimos de Madrid que vienen arrasando (Morell, García Abril, Carnicero, Virseda, Arroyo Alba, Sánchez Vera y del Valle, entre otros).

Los años setenta y ochenta en Madrid, al hilo de los acontecimientos políticos, produjeron en lo creativo lo que se llamó en términos populares <<la movida>>. En arquitectura, que es más lenta, se produjeron unos hechos qeu hemos tratado de describir de manera sintética. Lo que es indudable es que aquellos arquitectos y las obras qeu se construyeron en ese período son clave de lo que hoy es el indiscutible prestigio de la arquitectura contemporánea en Madrid.

Un poeta de Madrid, Andrés Trapiello, en su bellísimo poema <<La ventana de Keats>>, dice: <<qeue el canto es sólo uno / siempre el mismo / y que la rama cambia, y cambia el pájaro / mas no la melodía>>. El canto, la letra y la melodía de la arquitectura de Madrid qeu sonaba en los setenta y los ochenta se escucha quizás ahora con más nitidez y fuerza. Con la nitidez que le concede la belleza y con la fuerza que le presta la inteligencia. La belleza inteligente, pertinaz <<como esa sombra que es el tiempo>>.


Fuente de la primera versión: Artículo de la Madrid Siglo XX. Enciclopedia, autor Alberto Campo Baeza