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Cerca de Felipe IV

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Declarado B.I.C. en la categoría de Conjunto Histórico según Decreto 41/1995 del 27-04, publicado en Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid el 22-05-1995.
Situación: Cuesta de la Vega, rondas de Segovia, Toledo, Valencia y Atocha, plaza del Emperador Carlos V, avenidas de la Ciudad de Barcelona y Menéndez Pelayo, Alcalá, plaza de la Independencia, Serrano, Jorge Juan, plaza de Colón, Génova, Sagasta, Carranza y girando a la izquierda por San Bernardo corría por Santa Cruz de Marcenado hasta Serrano Jover, Princesa, Ventura Rodríguez, Ferraz, cuesta de San Vicente, paseo de la Virgen del Puerto y subía bordeando el Campo del Moro hasta enlazar con la cuesta de la Vega
Fecha de construcción: 1625
Destino actual: Se conserva un pequeño trozo junto al parque de Bomberos, en la Ronda de Segovia semiesquina a la glorieta de la Puerta de Toledo. Subsiste un tramo más interesante en el parque de la Cornisa, detrás de la Basílica de San Francisco el Grande, aunque en un pésimo estado de conservación. En 2010, en las obras de un muro de contención entre dicho parque de la Cornisa y los jardines del Seminario Conciliar apareció un tramo más largo aún que fue enterrado de nuevo sin llevar a a cabo ninguna labor de conservación preventiva. En las obras de la Calle Serrano en 2009 apareció otro tramo que sí fue tratado. Es notorio del desinterés y el abandono que los organismos competentes manifiestan ante el tramo más largo e interesante, el del Parque de la Cornisa, máxime cuando se trata de un bien que goza del máximo nivel de protección de la Comunidad de Madrid.



Como en 1590 las construcciones rebasaron la cerca de Felipe II, debido a que durante el reinado de Felipe IV aumentó la población en un 200% sobre el de su abuelo, fue necesario ampliar los límites de Madrid. La idea de realizar una nueva cerca parte de 1614 y para ello se le encargó el proyecto a Juan Gómez de Mora, Arquitecto Mayor del Rey y del Ayuntamiento. Gómez de Mora marcó los límites de la nueva cerca en 1617 en un informe en el que indicaba que los distintos tramos de la cerca debían de ser realizados por maestros arquitectos.

En 1625, Felipe IV mandó construir otra nueva cerca empleando para ello ladrillo, argamasa y tierra. Esta cerca fiscal y de vigilancia sirvió para controlar que todos los productos y víveres que entraban en la ciudad pagaran su correspondiente impuesto así como para vigilar a las personas que llegaban a Madrid. Para poder levantarla se aplicó una sisa en el vino. Se construyó por sectores separados de la ciudad, en cada uno de los cuales se colocó una puerta de cierta importancia o un portillo. Puertas y portillos tomaron los nombres de edificios cercanos. El trazado de la cerca se adaptó a la configuración del terreno, lo que hizo que fuera muy irregular. En 1650 ya abarcaba la Montaña del Príncipe Pío, el Buen Retiro y Atocha. Su mayor inconveniente fue que impidió el crecimiento de la ciudad hacinando su población durante más de doscientos años.

La nueva cerca abarcaba una superficie de quinientas hectáreas, de las que más de ciento cincuenta pertenecían al Real Sitio del Buen Retiro. Corresponde a todo el actual distrito Centro más el parque del Retiro y el barrio de los Jerónimos. La cerca fue parcialmente rehecha en el siglo XVIII y se derribó en 1868.

Las salidas de Madrid estaban flanqueadas por cinco puertas reales o de registro (en las que se pagaban los impuestos): Segovia, Toledo, Atocha, Alcalá y Bilbao (o de los Pozos de la Nieve), y catorce portillos de menor importancia o de segundo orden (abiertos en distintas fechas): Vega, Vistillas, Gilimón, Campillo del Mundo Nuevo, Embajadores, Valencia, Campanilla, Recoletos, Santa Bárbara, Maravillas, Santo Domingo (o Fuencarral), Conde Duque, San Bernardino (o San Joaquín) y San Vicente.

Las puertas permanecían abiertas hasta las diez de la noche en invierno y en verano hasta las once. Pasado este horario, en caso necesario, un retén permitía el paso. Los portillos se abrían al amanecer y cerraban con la puesta del sol, permaneciendo cerrados toda la noche. Los portillos, como ya se ha dicho, eran puertas de menor importancia que las de registro o reales. Salvo la puerta de San Vicente -construida por Sabatini- ningún portillo destacaba por su arquitectura e indistintamente se las llamaba puertas o portillos.

Quedan dos restos visibles de esta cerca, uno formando parte del muro de contención del parque de la Cornisa, junto a las escaleras de acceso al mismo y otro adosado al parque de Bomberos, en la ronda de Segovia semiesquina a la glorieta de la Puerta de Toledo.


Este artículo incorpora material del Diccionario Enciclopédico de Madrid, de María Isabel Gea, publicado por Ediciones La Librería, autorizada su inclusión en Madripedia bajo licencia Reconocimento-CompartirIgual