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Economía de 1900-1939
El siglo XX contempla el aumento ininterrumpido de la aportación de Madrid al conjunto de la producción nacional, triplicando su modesto 6% del PIB de España al iniciarse la centuria. Si la participación de Madrid en la industrialización española durante el XIX se mantuvo en cotas discretas, a lo largo del XX alcanza posiciones relevantes hasta situarse, a partir de la década de 1950, en posiciones de cabeza, sólo tras Cataluña. Recorrido ascendente, pues, pero con tramos diferenciables, siendo el primer tercio del siglo un periodo de fuerte expansión.
Pocas fases de la evolución económica y social del Madrid contemporáneo presentan tanto interés como el primer tercio del novecientos. Completada a finales del siglo XIX la red de ferrocarriles, resueltos los abastecimientos de agua y energía, superada la limitación del suelo y con flujos de capital provenientes del extranjero, la industria madrileña en el primer tercio de siglo es un excelente ejemplo de la España que entra en la segunda revolución tecnológica sin retraso llamativo: segunda fase de la revolución caracterizada por el aprovechamiento progresivo de la energía eléctrica, la difusión del motor de combustión interna y la modernización de la industria química.
El entramado económico de la ciudad crece, se espesa y diversifica, multiplicándose las instalaciones industriales: un recuento oficial en 1905 refleja una potencia instalada en la industria madrileña diez veces superior a la que se calculaba para 1885. Se desarrollan las ramas donde existía tradición apreciable (p. ej., artes gráficas, metalurgia y alimentación) y despuntan con fuerza los sectores representativos de los nuevos tiempos: química y, sobre todo, industria eléctrica; asistiéndose a partir de 1910 al desplazamiento de los motores térmicos por la hidroelectricidad, aunque habrá que esperar aún bastante tiempo para que, como en el conjunto español, la electricidad supere al vapor. Aparecen las primeras empresas del sector de la automoción, tanto de automóviles, ómnibus y camiones, como de aviones y motores de aviación. A su vez, la construcción e industrias derivadas conocen un fuerte ritmo de crecimiento, con un auténtico boom durante la década de 1920. Años en que se define con nitidez lo que en los últimos quinquenios del siglo XIX sólo era embrionario: un espacio fabril en Arganzuela, en el sur de la capital, a lo largo del ferrocarril de circunvalación, que verá multiplicarse en su corto tendido casi dos docenas de apartaderos industriales y de apeaderos de expedición y descarga de mercancías al pie de empresas ahí ubicadas.
Es cada vez más conocido el impacto que sobre la industria electromecánica —como en épocas posteriores sobre la electrónica y la microelectrónica— tiene la nacionalización de la red telefónica y la creación de Standard Eléctrica en los primeros años del régimen primorriverista; pues con independencia de las imposiciones de suministros y técnicas a que ITT obliga para cerrar el acuerdo con el gobierno dictatorial del que surge dicha empresa de fabricación de material telefónico, el funcionamiento de la misma, instalada en Arganzuela, impulsará la difusión de tecnologías de vanguardia ligadas a las telecomunicaciones: «un filón de futuro», como se ha sugerido con acierto. Queda por explotar el estudio de los talleres de construcción y reparación instalados por las compañías ferroviarias en Madrid, cuyo crecimiento en los primeros lustros del siglo xx acaso guarde relación no sólo con la sustitución de importaciones de maquinaria y vagones sino también con el creciente envejecimiento del material móvil. Y también empieza a ser conocido el alcance que para la industria de la capital tiene, en los años iniciales del siglo, la creación de centros de investigación científica, muchos por iniciativa de la Junta para Ampliación de Estudios, y reaparecer en 1901, tras una larga pausa, la Escuela Central de Ingenieros Industriales de Madrid (entre 1867 y 1899 solo esti abierta la de Barcelona, y en este Ultimo afro se inaugura la de Bilbao).
También el sector terciario se expande y renueva. El auge de los servicios financieros es espectacular con la constitución del Banco Hispano Americano y del Banco Español de Crédito, en los albores del siglo XX, alcanzando Madrid —desde los anos de la Primera Guerra Mundial— una destacadísima posición en el marco nacional, hecho que se acentuará durante la década de 1920, cuando los grandes bancos establecidos en la capital procedan a la apertura sistemática de sucursales por todo el país, unificando con ello de modo efectivo el mercado financiero nacional, con drenaje del ahorro de las mas diversas regiones, provincias y localidades, y la colocación de esos recursos en los centros y unidades de producción con más elevadas exigencias de financiación ajena. En esa misma década el desarrollo y modernización de la red y de los equipos de telefonía marcan un hito en la evolución de la economía de la ciudad, como también lo hacen las mejoras y novedades en el transporte urbano, con la generalización de los tranvías eléctricos y la inauguración del ferrocarril metropolitano, el metro, en 1919. Incluso en un ámbito tan resistente al cambio como el del comercio minorista, las innovaciones comienzan a ser apreciables, con la constitución de empresas de carácter capitalista en el comercio madrileño y la aparición de algunos grandes almacenes, aunque desde luego siga dominando la atomización.
Durante el primer tercio del siglo XX, con especial intensidad en la década de 1920, Madrid se incorpora al nuevo modelo demográfico, con reducción de las tasas generales y, en particular, las de mortalidad total y mortalidad infantil, registrando entonces la población un crecimiento vegetativo moderado -frente a las tasas negativas de años atrás-, que se añade a las cuantiosas ganancias de habitantes que la acrecida inmigración proporción (el holgado medio millón de habitantes de 1900 se ha multiplicado por dos en vísperas de la Guerra Civil). Población numéricamente duplicada, cuya residencia urbana --simultáneamente aúna cada vez más marcada zonificación social de la ciudad: barrios burgueses, zonas y viviendas obreras—mejora también sus equipamientos básicos. En definitiva, el primer tercio del siglo XX es una época interesante en el proceso evolutivo del Madrid contemporáneo, y tanto el período que va del principio del siglo hasta la Gran Guerra, como la década de 1920, son años de rápido cambio de la ciudad en muchos aspectos.
Un cambio cuyas inherentes tensiones se desatan con fuerza durante los años de la República cuando Madrid, capital cultural quizá más que nunca, es caja de resonancia de los conflictos económicos, sociales e ideológicos que se extienden por Europa. Y la Guerra Civil será la abrupta desembocadura de ese período, tan convulso quizá como creativo, con carga pareja de temores y esperanzas. Guerra durante la cual Madrid alcanza un dramático protagonismo, luchando «por defender a toda España», como expresara Antonio Machado en El Sol de febrero de 1937. Años difíciles, de penuria, con inevitables interrupciones en el suministro de productos básicos, con perdidas de instalaciones fabriles y equipamientos urbanos, con obligada reorganización de funciones y capacidades productivas.
Referencia
- GARCÍA DELGADO, José Luis, CARRERA, Miguel. Economía de 1900-1939, en Enciclopedia Madrid S.XX
Este artículo reproduce el capítulo homónimo de la Enciclopedia Madrid Siglo XX, cuyo autor conserva el copyright.
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