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Elecciones en la Segunda República

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La llegada de la República en 1931 abrió múltiples expectativas en la ciudadanía de Madrid. Las candidaturas republicanas obtuvieron mayoría en las principales ciudades del país, y en Madrid los resultados dieron holgada mayoría a estas dos fuerzas políticas que habían formado candidatura común en la conjunción republicano-socialista, diecisiete concejales socialistas con 159.343 votos, once republicanos con 94.589 votos, dos radical-socialistas con 17.803 votos; mientras que las candidaturas monárquicas obtuvieron diecinueve concejales con 62.218 votos. Los socialistas afirmaron su habitual fuerza en los distritos populares—Hospital, Inclusa y Latina—, además de Chamberí, Universidad y Congreso. En conjunto, la conjunción republicano-socialista obtuvo casi el 70% de votos.

El 28 de junio de 1931 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes. El sistema electoral que favorecía a las mayorías dio un rotundo triunfo en todo el país a la conjunción republicano-socialista que ocupó el 90% de escaños en el Parlamento. A Madrid le correspondían dieciocho diputados, y en la capital también ganó la conjunción. Tanto republicanos como socialistas habían presentado sus líderes más significados: Alejandro Lerroux, por el partido republicano radical, y Julián Besteiro, por el partido socialista, fueron los más votados en una lista que incluía a Francisco Largo Caballero, Andrés Saborit o Felipe Sánchez Román. Mientras los barrios más pudientes tendieron al voto republicano, principalmente del partido radical, los barrios del sur consolidaron la tendencia establecida a lo largo del siglo al dar su voto en los socialistas, aunque compartido con el voto de opciones más a la izquierda.

Las elecciones de 19 de noviembre de 1933 demostraron que la política se había instalado en el corazón de la vida social de la ciudad. Por primera vez con el voto femenino, socialistas y republicanos se presentaron por separado, mientras las derechas agrupadas obtuvieron la mayoría parlamentaria en el país. A pesar de los resultados globales en todo el país, en Madrid ganaron los socialistas aunque de forma más ajustada y en segunda vuelta, con una geografía de voto por distritos muy similar a la de 1931, consolidando Madrid como un bastión en sintonía mayoritaria con el régimen republicano de abril. Los socialistas obtuvieron mayores porcentajes en los distritos más humildes, siguiendo la pauta anterior, mientras Centro, Hospicio y Buenavista fueron más proclives a las candidaturas de las derechas.

Estas elecciones imprimieron un pluralismo polarizado en el juego de los partidos, mientras crecía la movilización política. Burgueses y proletarios eran ahora las figuras sociales que se imponían en el paisaje político de la capital. La politización de la sociedad y la militarización de la política, expresada en las milicias, todavía se desarrollaban en un marco político dominado por las elecciones generales, que se convocaron nuevamente en febrero de 1936, después de las crisis de los gobiernos de derechas. Las izquierdas unidas en el Frente Popular ganaron por escasa diferencia en el conjunto nacional sobre unas derechas más divididas. Pero los núcleos urbanos, y sobre todo Madrid, fueron las piezas en las que descansó la victoria del Frente Popular. Esta coalición presentó una candidatura de siete socialistas y seis representantes del resto de partidos republicanos y de izquierda, mientras las candidaturas de derechas más divididas incluyeron cinco miembros de la CEDA. El Frente Popular ganó en Madrid, con una lista liderada por Azaña, y sobre todo en los barrios del sur, Hospital (69% de votos), Latina (66%) e Inclusa (76%), además de Universidad (58%); mientras en Centro, Hospicio y Buenavista sus resultados no sobrepasaron el 40% de votos.

Los procesos electorales habían expresado la importancia de la capital como centro de la vida política. Una ciudad que la República había tratado de adjudicar la dignidad de rango propia de una capital de Estado. Todos los ojos se volcaban a los resultados electorales en Madrid y a los eventos que allí se producían. No era nada nuevo porque el papel de Madrid a lo largo del siglo XIX y primer tercio del XX se había definido cada vez más como la capital de los servicios políticos. Pero en 1931 la política había entrado en el tejido social y Madrid era su símbolo. También lo seria desde julio de 1936 hasta abril de 1939.

No hubo ocasión para más elecciones, porque en aquel mes de julio de 1936 un golpe de estado, provocando la Guerra Civil, rompió definitivamente con las expectativas de abril de 1931 y sobre todo con la práctica, para mucho tiempo, de dirimir las opciones políticas y legitimar el poder democráticamente a través de las urnas.

Referencia

  • MARTÍNEZ, Jesús A. Elecciones en la Segunda República, en Enciclopedia Madrid S.XX


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