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Escudo de la ciudad de Madrid

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Escudo de Madrid.png
Nuevo Escudo de Madrid.png

Heráldica

De plata, un oso de sable apoyado en un madroño de sinople frutado de gules. Bordura de azur cargada de siete estrellas de plata. Al timbre, corona real abierta.

Contenido

Su historia

Las crónicas hablan de que en el año 1211, Alfonso VIII preparó en Madrid una expedición contra el reino de Murcia. Las huestes madrileñas ostentaban como enseña el oso prieto en campo de plata. Al año siguiente en 1212, se dio la batalla de las Navas de Tolosa. El Concejo de Madrid llevó la vanguardia a las órdenes de Don Diego López de Haro, señor de Vizcaya; también en esta ocasión ondeó al viento la enseña antes descrita. Y lo mismo sucede años más tarde, en 1217, cuando el rey Fernando III el Santo tomó Sevilla. En todos los casos el oso era una figura pasante.

Este emblema propio de Madrid, con el oso, es el comienzo de lo que será su escudo. Todavía no han aparecido las estrellas ni el arbolito ni la corona. Parece ser que en época de la Edad Media los campos de Madrid estaban bien abastecidos de osos y que tal vez por eso lo tomarían como enseña. En algún momento se llamó Ursaria a la zona y hay testimonio escrito de la abundancia de este animal y se habla de ello en crónicas y documentos. En el Libro de Montería del rey Alfonso XI se dice: «Madrid, un buen lugar de puerco y oso».

Posteriormente se pintaron en el lomo de este oso pasante siete estrellas. Don Francisco de Batzan Vergara asegura en alguna crónica que la estrella Polar era la que estaba en la dirección de su rabo. Los genealogistas han querido ver en estas estrellas y en el oso la alusión a la constelación de Bootes tan íntimamente ligada al mito de las dos Osas o del Carro. Se basan para ello en decir que Madrid estaba en lo que se llama Carpetania y que Carpetum en latín quiere decir carro. En este caso, no se trataría de un oso, sino de una osa. Lo cierto es que durante bastante tiempo el escudo de Madrid fue éste: un oso (tal vez osa) pintado sobre azur, con siete estrellas sobre su lomo y paciendo sobre pasto verde.

Años más tarde surgieron desavenencias entre el Concejo y la Clerecía por el disfrute del monte y tierras de pasto de los alrededores de Madrid hasta la sierra. El pleito duró 20 años. Llegaron por fin a un acuerdo y la concordia se estableció en los siguientes términos:

  • Se daría a la Villa de Madrid todos los pies de árbol y la caza.
  • Se daría al Cabildo eclesiástico todos los pastos.

Para que el acuerdo quedara bien sellado y para memoria de todos se acordó que el escudo de la Villa llevaría el oso (u osa) con el añadido de un árbol, y el escudo del Cabildo llevaría el mismo animal paciendo en unos pastos. Se modeló de nuevo el escudo al que se le añadió además del arbolito una orla azul y sobre ella las siete estrellas de ocho puntas, (tres a los lados y una abajo) que antes estaban sobre el lomo del animal. El oso (u osa), empinado al tronco, para indicar la posesión de pie de árbol.

El madroño

No se sabe con certeza en qué momento se empezó a asegurar que el arbolito del escudo era un madroño. Ha sido una tradición muy tenaz y muy firme. Para apoyar esta tradición el Ayuntamiento de Madrid viene sembrando desde hace algún tiempo, en El Retiro y otros jardines el madroño (arbutus unedo). Pero últimamente la investigación de científicos unidos (historiadores, geólogos, botánicos, zoólogos) viene a demostrar que en esta zona de Madrid no hubo madroños, al menos no los hubo en abundancia y como bosque. En cambio dicen los científicos que sí hubo profusión de un árbol llamado almez o lodón, que era una especie autóctona del lugar. Este árbol tiene también unos frutillos rojos. Otros historiadores dicen que el rey de armas que pintó el escudo no se detuvo a reproducir tal o cual especie sino que pintó un arbolito con frutos rojos para que se distinguieran bien.

En 1554, el emperador Carlos I distinguió a la ciudad de Madrid otorgándole la corona real en el escudo. Dicha corona se dibujó sobre la copa del árbol y así estuvo durante bastantes años. En el siglo XVII el cronista de la villa de Madrid Juan López de Hoyos, cuenta que la corona se cambió a la cima del blasón.

Siglo XX

En 1967, en el pleno de 28-4, el Ayuntamiento dispuso un nuevo escudo que decía así: En campo de plata, un madroño de sinople (verde), terrasado de lo mismo, frutado de gules, (rojo) y acostado de un oso empinante de sable (negro) y bordura de azur, cargada de siete estrellas de plata; al timbre, corona real antigua. La corona se hace más grande y las estrellas se distribuyen de manera que la nº 7 se encuentra arriba en lugar de abajo.

Bibliografía consultada

  • DEL CORRAL, José. Curiosidades de Madrid. El País-Aguilar 1990. ISBN 84-03-59029-6
  • de RÉPIDE, Pedro. Las calles de Madrid. Editorial Afrodisio Aguado,S.A., Madrid, 1981. ISBN 84-202-0001-8
  • de MESONERO ROMANOS, Ramón. El antiguo Madrid. Primera parte. Editorial Renacimiento, Madrid 1925.
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