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Joaquín Rodrígo Vidre

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Ciego desde los tres años de edad, Joaquín Rodrigo (Sagunto, 1901-Madrid, 1999) comenzó sus estudios musicales en Valencia. Tras conseguir una mención de honor en el Premio Nacional de Música de 1925 por su obra orquestal Cinco piezas infantiles, amplió su formación como compositor en la École Normale de Musique de París con Paul Dukas, entre 1927 y 1932. En 1933 se casó con la pianista sefardí Victoria Kamhi y, tras la quiebra de sus familias, vivieron importantes apuros económicos que en 1934 causaron su separación. En ese tiempo Rodrigo compuso el Cántico de la esposa para soprano y piano, sobre texto de San Juan de la Cruz, y el poema sinfónico Per la flor del lliri blau, con el que obtuvo un premio de composición que le permitió reunirse de nuevo con su esposa. Juntos luchan por la consecución de la beca Conde de Cartagena, que le es concedida gracias a la intercesión de Manuel de Falla, y Rodrigo regresa a París en 1935, compaginando la composición con el estudio con Dukas y la asistencia a las clases de Maurice Emmanuel en el Conservatorio de París y de André Pirro en la Sorbona.

Tras la Guerra Civil, que pasa asilado en un instituto para ciegos de Friburgo, su formación académica adquirida en París le permite presentarse en España como «compositor y profesor de Historia de la Música» en los primeros cursos de verano de Santander, celebrados en julio de 1939. En el viaje de regreso a París, tras una cena con Regino Sainz de la Maza y el marqués de Urquijo, surge la idea de componer un concierto para guitarra y orquesta, que se materializa en el Concierto de Aranjuez, una de las composiciones más célebres de todos los tiempos, obra que concluye a principios de 1940, establecido ya definitivamente en Madrid, donde residirá el resto de su vida.

A partir del estreno del Concierto de Aranjuez (Palau de la Música de Barcelona, el 9 de noviembre de 1940), y con la ausencia de compositores como Falla y los hermanos Halffter, Rodrigo se convierte en el músico más importante de España. Los solistas de mayor prestigio se disputan sus composiciones y él firma una serie de conciertos con los que obtiene éxitos impresionantes: Concierto heroico (1943) para piano, Premio Nacional de Música; Concierto de estío (1944) para violín; Concerto in modo galante (1949), para el afamado violonchelista Gaspar Casadó; Concierto serenata (1952), para el arpa de Nicanor Zabaleta, y Fantasía para un gentilhombre para guitarra, dedicada a Andrés Segovia. Compone además obras para voz y orquesta, entre las que destaca el Tríptic de Mosén Cinto (1946) estrenado por Victoria de los Ángeles (a quien lo dedica) y el poema sinfónico Ausencias de Dulcinea, verdadera obra maestra estrenada en 1948. Durante este tiempo de su madurez creativa, Rodrigo desarrolló una frenética actividad, componiendo sin pausa a la vez que trabajaba, tanto como asesor musical de Radio Nacional, donde se encargaba de editar una revista, como profesor de Historia de la Música en la Complutense, directivo de la ONCE y crítico musical en los diarios Pueblo y Marca.

En la última etapa de su carrera como compositor, que se prolongó hasta 1982, Rodrigo escribió música gracias al interés que ésta suscitaba en el mundo anglosajón. Así, el Adagio para instrumentos de viento (1966) lo compuso para la American Wind Symphony Orchestra de Pittsburgh; su tercer y último poema sinfónico, A la busca del más allá (1976), dedicado a la NASA, lo escribió por encargo de la Sinfónica de Houston con motivo del Bicentenario de la Independencia de los Estados Unidos; sus últimos conciertos para guitarras y orquesta —Concierto andaluz (1967) para cuatro guitarras, Concierto madrigal (1970) para dos guitarras y Concierto para una fiesta (1983) para guitarra—se debieron a la familia de guitarristas españoles afincados en California, los Romero; el Concierto pastoral (1978) para flauta resultó de un encargo del virtuoso irlandés James Galway, y el Concierto como un divertimento (1982) fue fruto del encargo del violonchelista Julian Lloyd Webber. Del mismo modo, su última gran composición para coro y orquesta, el Cántico de San Francisco de Asís, surgió en 1982 del encargo de una institución inglesa, fue el último esfuerzo creativo de Rodrigo y se estrenó en 1986.

En sus últimos años de vida, Rodrigo fue homenajeado internacionalmente y recibió interminable número de condecoraciones y honores, entre los que destacan varios doctorados honoris causa y el título de marqués de los Jardines de Aranjuez, otorgado por el Rey en 1991.

Referencia

  • SUÁREZ PAJARES, Javier . Joaquín Rodrígo Vidre, en Enciclopedia Madrid S.XX


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Este artículo reproduce el capítulo homónimo de la Enciclopedia Madrid Siglo XX, cuyo autor conserva el copyright.
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