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Marginación

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Lejos de lo que muchos pudieran imaginar, procesos como la exclusión social, la pobreza y la marginación no son exclusivos de los denominados países del Tercer Mundo, y mucho menos del mundo rural. Son fenómenos creicentemente asociados a las grandes ciudades, y en este sentido la ciudad de Madrid no es una excepción. Madrid, entre 1950 y 1970, acogió a cerca de un millón de inmigrantes procedentes de las zonas rurales que buscaban una mayor prosperidad. Se concentraron en los márgenes de la ciudad trayendo consigo su pobreza. Sin embargo, estos inmigrantes no eran una población marginada, con una gran capacidad de adaptación terminaron en su mayoría por integrarse en la ciudad.

Así, estos tres fenómenos apuntados no son totalmente equivalentes, aunque tengan una relación muy estrecha entre sí. Estar o situarse al margen o en los márgenes de la sociedad se ha vinculado tradicionalmente al ámbito de la cultura. De tal modo que rasgos culturales o comportamientos sociales diferenciados, como por ejemplo los mostrados por el pueblo gitano, se han venido considerando como propios colectivos que están o son marginados. Es decir, no integrados en la cultura dominante y frecuentemente rechazados por ésta, aunque puedan presentar una fuerte cohesión interna. Mientras la pobreza se refiere a la posición que se ocupa en la escala social asociada a los bajos niveles de renta. Se considera que una persona se encuentra por debajo del umbral de la pobreza cuando sus ingresos son inferiores a la mitad de la renta media. Al respecto, en la ciudad de Madrid residen más de 100.000 familias (10,7% del total) bajo el umbral de la pobreza (menos de 50.000 ptas., unos 300 euros, mes per cápita), según el Estudio sobre las necesidades en el Municipio de Madrid, EDIS, Ayuntamiento de Madrid, 2001.

Si bien, paralelamente, aparecen nuevos aspectos que hacen los procesos sociales cada vez más complejos. Sobre todo, los efectos producidos por los cambios tecnológicos y su proyección en el mercado de trabajo llevan a importantes sectores sociales urbanos a una dificultad creciente para conseguir un empleo <<normalizado>>. El desempleo, el subempleo y la inestabilidad laboral marcan nuevas situaciones de aislamiento y pérdida de autonomía que tienen sus consecuencias sobre otras dimensiones económicas, culturales, sociales y ambientales; combinación, por tanto, de múltiples factores de desventaja que llevan directamente a lo que se ha identificado como la exclusión social.

El concepto de exclusión social recoge, poniéndolas en relación, tanto la polarización propia del eje vertical (arriba/abajo) riqueza/pobreza, como la segmentación definida en un eje horizontal (dentro/fuera), producida por las múltiples y complejas condiciones de marginación en un contexto urbano. Ya no se habla tanto de la carencia de recursos como de la inaccesibilidad a los mismos. Se produce una substracción de la calidad de vida para determinados sectores en varias dimensiones de sus condiciones de existencia, entre las que podemos señalar las dificultades de acceso al mercado de trabajo, a un alojamiento adecuado, a la educación, a la salud, al ocio, al consumo, a la participación social y política, a la calidad ambiental, etcétera.

La población marginada, y menos aún la población vulnerable (los que se encuentran en riesgo de caer en la exclusión), no presenta rasgos de homogeneidad como antaño, sino que se encuentra enormemente fragmentada y debilitada en su cohesión social, lo que hace más difícil su identificación. Se suele designar a los marginados como los <<sin>>: los sin estudios, los sin empleo, los sin derechos..., pero realmente ¿quiénes son estos colectivos marginados y cuántos son los marginados en la ciudad de Madrid? Siguiendo las elaboraciones del estudio anotado y de otras estadísticas recientes podemos reconocer diversos colectivos:

Las minorías étnicas (el pueblo gitano): desde el punto de vista de su relación con la actividad económica cabe señalar cómo la cultura del trabajo en el pueblo gitano, instalada en gran medida en la premodernidad, presenta una escala de valores basados en la legitimidad de la jerarquía familiar y las posiciones asignadas dentro de ésta. En esta cultura del trabajo prevalece el valor de la autonomía, frente a la heteronomía moderna de la cultura del trabajo. Ello conlleva un rechazo a la subordinación laboral fuera de la familia o del linaje y, por tanto, una tendencia a organizar el trabajo por cuenta propia. El declive y persecución de sus actividades en el sistema económico y recaudatorio moderno, y la difícil acomodación de la población gitana al mercado de trabajo, les sitúa directamente en la zona de exclusión social. Según estimaciones del Secretariado Gitano al número de gitanos en la ciudad de Madrid se sitúa en torno a 45.000 residentes.

Los inmigrantes del Tercer Mundo: afectados por una muy baja cualificación suelen acceder a puestos de trabajo de escasa calidad (muy bajos salarios, precariedad, peligrosidad, irregularidad, ilegalidad...), a lo que hay que añadir las dificultades de idioma y de aceptación. Todo ello les empuja a encerrarse en redes endogámicas y sufrir condiciones de habitabilidad marcadas por el hacinamiento y la infravivienda. El colectivo de inmigrantes en la ciudad de Madrid alcanzó la cifra de 215.000 residentes en el verano de 2001, lo que ya representa más del 7% de la población de Madrid.

Las mujeres tienen una enorme dificultad para compatibilizar la vida familiar y la vida laboral, en un contexto de discriminación en el acceso al empleo y de desigualdad salarial con respecto a los hombres, y por tanto se ven más afectadas por el desempleo y el subempleo. Sobre todo es significativa la situación de vulnerabilidad de los hogares monomarentales (mujeres con cargas familiares), que proviene mayoritariamente de situaciones de separaciones y divorcios. Este último colectivo se estima que supera las 65.000 mujeres.

Los parados de larga duración, afectados por una baja capacitación educativa y profesional y con una profunda crisis de identidad (baja autoestima) por su vivencia psicosocial negativa, son proclives a caer en situaciones de polipatología (depresión, enfermedad, alcoholismo, prostitución...). Cabe destacar que de los 140.000 desempleados de la ciudad de Madrid 62.000, que habían trabajado anteriormente, no cuentan con ningún tipo de subsidio.

En cuanto a las personas mayores, las principales características que explican su vulnerabilidad son su escasa capacidad de movilidad, los problemas de salud y las carencias en la autonomía personal. Esta situación se hace especialmente granve en las personas mayores, sobre todo mujeres, que viven en soledad y que presentan problemas de discapacidad, colectivo que se estima en 20.000 hogares en Madrid.

Los jóvenes, muy afectados por la dificutad de acceso al empleo, por el empleo precario e inestable y el desempleo, afrontan graves dificultades para adquirir una vivienda y emanciparse del hogar paterno. Tan sólo los jóvenes que buscan su primer empleo son cerca de 40.000.

Otros colectivos que merecen especial atención son las más de 3.000 familias que habitan en chabolas e infraviviendas y los más de 6.700 niños que son miembros de esos hogares, los 23.000 minusválidos y discapacitados con graves dificultades de integración social y laboral, las 9.000 mujeres que son víctimas de la violencia doméstica o los 10.000 drogodependientes.

Finalmente, la marginación social va por barrios, es decir, lleva aparejada una segregación espacial dentro de las ciudades, debido a que los colectivos vulnerables se ven abocados a ubicarse en aquellos lugares donde la vivienda es más asequible, pero también peor dotada, en barrios con deficiente calidad ambiental, más distanciados del trabajo y de los equipamientos, y frecuentemente con problemas de aislamiento físico y de accesibilidad. Estos barrios se consideran zonas <<desfavorecidas>>, y en Madrid vienen a ubicarse en su mayoría en los ocho distritos que conforman el arco sureste de la ciudad, si bien algunos barrios del distrito Centro, que históricamente han acumulado la pobreza económica, son zonas significadas por la nueva marginación, es el caso de los barrios como Lavapiés o Malasaña, donde cohabitan colectivos tan dispares como las personas mayores que vivien en soledad y los inmigrantes de los países pobres.


Fuente de la primera versión: Artículo de la Madrid Siglo XX. Enciclopedia, autor Julio Alguacil